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Exportar gente o servicios profesionales?

Profesionales
¿Exportar gente o servicios profesionales?
Aunque exportar personas ha sido un buen negocio para el Gobierno cubano
desde los 60, a largo plazo toda política basada en exportar fuerza de
trabajo es un fracaso
Haroldo Dilla Alfonso, Santo Domingo | 04/01/2011
Hace ya algunas semanas conocimos, a través de la ministra del Trabajo
cubana, un plan para recalificar a los trabajadores despedidos con el
objetivo de exportarlos. La idea es sencilla: si sobran acá se pueden
exportar a otros países —técnicamente esto se llama una “exportación de
servicios”— y con ello se resuelven dos problemas: el desempleo y la
escasez crónica de moneda fuerte.
Ante todo debo decir que aunque exportar personas ha sido un buen
negocio para el Gobierno cubano desde los 60 (exportar descontentos
potenciales y ganar tributarios) a largo plazo toda política basada en
exportar fuerza de trabajo es un fracaso, pues no hace otra cosa que
exportar el capital más valioso de una sociedad: su gente. Balancea el
presente, pero embarga el futuro.
Pero no creo que la Ministra ande haciendo cálculos complicados. La
Ministra no hace otra cosa que reflejar los apuros de los dirigentes
cubanos ante los efectos depredadores que tendrá sobre la sociedad el
despido de cientos de miles de trabajadores. Y obviamente, su
imprescindible efecto político. Un contexto en que la idea de colocar a
una parte de ese excedente laboral allende los mares suena a música
celestial.
No es la primera vez que sucede. Decenas de miles de trabajadores y
técnicos cubanos han dado sus servicios laborales en otros países del
continente, África y Europa del Este, unos envueltos en el manto
consagrado del llamado internacionalismo y otros mediante más prosaicos
contratos laborales. La experiencia más reciente ha sido el envío de
decenas de miles de profesionales a Venezuela y otros países del Alba,
por lo que Cuba recibe, según cifras oficiales, unos 6 mil millones de
dólares anuales a cambio de varias decenas de miles de trabajadores. En
todos los casos los trabajadores cubanos han dejado sus energías e
inteligencias en otros lugares, y regularmente son reconocidos por sus
altas cualidades humanas y profesionales, lo cual es digno de destacar.
Pero también han estado envueltos en escándalos lamentables, debido a
las condiciones en que estos trabajadores han sido enviados a otros países.
Obviamente, lo declarado no es fruto de la imaginación de la Ministra,
que, si la tiene, sabe que debe guardarla muy bien pues en Cuba los
ministros con imaginación duran poco tiempo. Ello aparece explícitamente
en los Lineamientos de la Política Económica y Social, en la sección de
Comercio Exterior, y llama al establecimiento de una estrategia para la
exportación de servicios profesionales, en asociación con el capital
extranjero, incluyendo “el envío de fuerza de trabajo individual”,
aunque de forma no priorizada. Pero aparece de manera implícita en
muchos otros artículos y secciones, como si fuera ese pariente maldito
en quien todos piensan pero a quien nadie menciona.
La Ministra por tanto, está apegada a los Lineamientos. Y quien lo está,
no tiene más remedio que ser tan liviano y chapucero como ellos. El
asunto es muy complejo por varias razones. Yo sólo quiero detenerme en dos.
La primera es de orden práctico y se refiere a la pregunta de si la
fuerza de trabajo —básicamente la profesional— es lo suficientemente
competitiva como para abrirse paso en el complejo y exigente mercado
mundial. Yo no lo creo. Cuba posee una fuerza de trabajo muy calificada
para programar su desarrollo nacional, y eventualmente existen carreras
en que los profesionales cubanos son muy estimados, como es el caso de
la medicina, cuyo personal suma a sus cualidades técnicas sus
condiciones de una ética no comercial. Pero ello no los hace
competitivos como para invadir por decenas de miles los mercados más
sofisticados que pudieran pagar por el servicio.
Los dirigentes cubanos —y sus académicos subsidiarios— confunden la
necesidad con la virtud —la coyuntura con la vida— cuando creen que Cuba
es una exportadora de servicios profesionales de primer orden, porque
exporta médicos a Venezuela o a Bolivia. En esos lugares los cubanos
operan en nichos protegidos al margen del mercado mundial de fuerza de
trabajo, pues son contratados por razones políticas. No conozco las
interioridades de la sociedad venezolana, pero sospecho que sin el
compromiso de Chávez con el Gobierno cubano y su megalomanía
continental, lo que hacen los médicos cubanos pudieran hacerlo (al menos
fundamentalmente) los médicos venezolanos con mejores pagas, lo que
implicaría significativos ahorros para el estado venezolano. En
consecuencia, desaparecidas las circunstancias políticas, Cuba se verá
obligada a seguir exportando fuerza de trabajo a quien no puede pagar.
El otro cuestionamiento es ético. Los cubanos que van a Venezuela o a
cualquier otro lugar, van en condiciones de sujeción legal ominosa.
Realmente cobran muy poco de lo que el Gobierno venezolano paga, les
quitan el pasaporte, si deciden quedarse en Venezuela o salir para un
tercer país reciben un castigo de separación por muchos años de sus
familiares, entre otras aberraciones reñidas con los pactos
internacionales sobre derechos humanos, de los que el Gobierno cubano es
signatario. Cuba carece de un sistema migratorio libre. Los
profesionales emigrados son peones del Estado y sus familiares son
rehenes en manos de ese mismo Estado.
Con toda seguridad, si en Cuba existiera un régimen migratorio justo,
los profesionales y trabajadores cubanos optarían por encontrar esos
empleos por su propia cuenta, y residir o no en el país según dicte su
propia conveniencia, según es usual en el resto del mundo. O pudieran
ser partes de contratos estatales, pero reclamarían mejores condiciones
salariales y de trabajo. Pero Cuba posee un régimen migratorio abusivo y
expoliador que le permite tratar a sus trabajadores migrantes como
siervos de la gleba. Y por eso la exportación cubana de “servicios
profesionales” que tan golosamente proclama la Ministra, difícilmente
funcionaría sin el sistema político autoritario y opresivo que hay en el
país.
Sin lugar a dudas Cuba posee en su stock de recursos humanos calificados
—y aquí incluyo los significativos aportes que pudiera hacer la
diáspora— el principal activo para su desarrollo. Pero como todo activo,
éste requiere de políticas de preservación y reproducción que hoy no
existen. Y por eso, la sociedad cubana continúa indigestándose con sus
propios avances.
Obviamente, la solución de este problema no está en los Lineamientos,
esa lista de supermercado, mezquina e incompleta, donde lo que falta es
más elocuente que lo que está. No será echando manos a estas
estratagemas francamente precapitalistas como la nación podrá mirar con
optimismo al futuro. Mucho menos exportando gente en una sociedad que,
por lo demás, tiene una bajísima tasa de natalidad. De lo que se trata
es de una política de incentivo y protección a la pequeña y mediana
empresa, de la desestatización (sea privatizando o socializando por la
vía cooperativa) de esas inmensas franjas de economía improductiva que
hoy están en manos de una burocracia gris y agotada, de establecer
medios efectivos de cogestión de los trabajadores en las empresas, entre
otras medidas que ayuden justamente a retener esa fuerza de trabajo para
que encuentren más atractivo residir y trabajar en el país en que nacieron.
http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/exportar-gente-o-servicios-profesionales-252970

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