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El Niágara en silla de ruedas

El Niágara en silla de ruedas
Inválida debido a una negligencia médica, Dayamis Rosabal se enfrenta
hoy a la exclusión
Miércoles, mayo 25, 2016 | Roberto Rodríguez Cardona

GRANMA, Cuba.- A sus 31 años, Dayamis del Rosario Rosabal Corrales es
una joven cubana que quedó inválida en su adolescencia producto de una
negligencia médica. La vida le regaló dos hijos, pero su discapacidad le
impide obtener empleo para su manutención.

"De nada me ha servido mi formación académica como bachiller y
posteriores capacitaciones", confiesa.

Soltera, vive con su madre y sus hijos de tres y ocho años en el número
27 de la calle Carlos Reina, en Buey Arriba, provincia Granma. A
expensas del salario de su madre y la ayuda familiar, Dayamis no recibe
apoyo de ninguna institución estatal. Y la exclusión le imposibilita
ganarse el sustento por sus propios medios.

"Nunca me han dado ayuda de ningún tipo, ni de Bienestar Social, ni de
la ACLIFIM (Asociación Cubana de Limitados Físicos y Motores) ni del
Gobierno; nunca me han pagado chequera, ni ayuda social, pero tampoco me
han ayudado a obtener empleo", denuncia.

"Ya no me quedan lugares adonde acudir. Los del órgano de trabajo
tomaron mis datos, pero dijeron que solo era para llevar el conteo, que
no podían prometerme nada porque era muy difícil encontrar trabajo para mí".

Dayamis estudió hasta noveno grado en la escuela especial "Solidaridad
con Panamá", en La Habana. Luego hizo el bachillerato por cursos
nocturnos, para después pasar un curso de secretaria.

Sin embargo no se detuvo ahí. "Después me gradué como operadora de
micro", cuenta, "estoy estudiando para podóloga y trato de tomar todos
los cursos de los que me entero, para ver qué puedo ejercer sin que vean
mi discapacidad como un obstáculo, porque hasta ahora la silla (de
ruedas) todo lo perjudica".

"No quiero caridad, quiero trabajar"

Ante sus gestiones personales en busca de trabajo, siempre encuentra una
rotunda negativa, disfrazada como "fuera de alcance". "La misma silla
que me ayuda para desplazarme, es la primera limitante que mencionan. Yo
no quiero caridad ni que me regalen nada. Dentro de mis limitaciones
estoy dispuesta a aceptar cualquier trabajo. Lo que hace falta es que me
lo den, para ayudarme a mí y a mi familia".

Sobre la solicitud para recibir alguna ayuda social o el cobro de una
chequera por discapacidad, le fue denegada porque sus padres aún están
vivos, y el padre de sus hijos debería enviarle un estipendio mensual.

Pero según Dayamis, muy pocas veces recibe la manutención de sus hijos.

"Ya no sé qué hacer, no aguanto más, a veces he pensado en…", se
interrumpe, guarda silencio un momento antes de continuar: "…no sé ni
cuantas cosas".

"Me preocupo por los niños, que van a la escuela con una mochilita que
da pena y los zapatos rotos y viejos. Y me duele, porque veo como la
gente los mira y siento la impotencia de no poder hacer nada", confiesa.

Su madre, Martha Rosa Corrales Barzaga, es custodio en el policlínico
local y cobra "un salario mensual de 565 pesos (unos 23 dólares), pero
luego de los descuentos en el trabajo, créditos, y electricidad, solo
quedan alrededor de 100, y aún no he descontado el gasto de medicinas".
Revisa unos papeles y continúa: "Este mes he gastado casi 60 pesos en
medicinas"

"Hay que hacer magia para mantener cuatro personas con 40 pesos",
concluye. "Hoy mismo aquí no hay nada que comer".

La negligencia médica

Dos gruesas cicatrices surcan el vientre de Dayamis, formando casi un
cinturón a la altura de la cadera. Otras más en la entrepierna y en la
rodilla derecha son resultado de varias operaciones más; unas tratando
de corregir un defecto en la rodilla y otras para restaurar las secuelas
de la primera intervención, errónea, realizada en el hospital provincial
granmense "Carlos Manuel de Céspedes", de Bayamo.

La negligencia médica fue silenciada y disfrazada con una afectación
inexistente. No hubo consecuencias para los responsables ni retribución
por los daños.

"Cuando era jovencita, yo tenía la rodilla virada y quise operarme para
corregir ese defecto. Los médicos se confundieron y, en vez de operarme
la rodilla, me operaron la cadera y quedé discapacitada. Cuando se
reclamó, le dijeron a mi mamá que había sido por un desgaste que habían
descubierto… y todo quedo así, sin consecuencias", cuenta Dayamis.

"No nos conformamos con las explicaciones, y al buscar segundas
opiniones los médicos especialistas del Hospital Provincial de Santiago
de Cuba dudaron del procedimiento e investigaron el caso. Le hicieron
saber a mi mamá que a mí me habían picado por gusto, porque yo en la
cadera no tenía nada".

"Luego vinieron seis operaciones más para corregir los problemas, pero
al final terminé inválida a los 19 años, y en lo adelante todo se puede
resumir con dos palabras: pasar trabajo", termina diciendo. "Ellos son
los culpables de que yo este así. Tanto que se habla de los
discapacitados en la televisión, mostrando beneficios, y la realidad es
otra. Todo no pasa de ser una gran mentira, por lo menos conmigo".

El Niágara en silla de ruedas
Inválida debido a una negligencia médica, Dayamis Rosabal se enfrenta
hoy a la exclusión

Miércoles, mayo 25, 2016 | Roberto Rodríguez Cardona | 4 Comentarios




GRANMA, Cuba.- A sus 31 años, Dayamis del Rosario Rosabal Corrales es
una joven cubana que quedó inválida en su adolescencia producto de una
negligencia médica. La vida le regaló dos hijos, pero su discapacidad le
impide obtener empleo para su manutención.

"De nada me ha servido mi formación académica como bachiller y
posteriores capacitaciones", confiesa.

Soltera, vive con su madre y sus hijos de tres y ocho años en el número
27 de la calle Carlos Reina, en Buey Arriba, provincia Granma. A
expensas del salario de su madre y la ayuda familiar, Dayamis no recibe
apoyo de ninguna institución estatal. Y la exclusión le imposibilita
ganarse el sustento por sus propios medios.

"Nunca me han dado ayuda de ningún tipo, ni de Bienestar Social, ni de
la ACLIFIM (Asociación Cubana de Limitados Físicos y Motores) ni del
Gobierno; nunca me han pagado chequera, ni ayuda social, pero tampoco me
han ayudado a obtener empleo", denuncia.

"Ya no me quedan lugares adonde acudir. Los del órgano de trabajo
tomaron mis datos, pero dijeron que solo era para llevar el conteo, que
no podían prometerme nada porque era muy difícil encontrar trabajo para mí".

Dayamis estudió hasta noveno grado en la escuela especial "Solidaridad
con Panamá", en La Habana. Luego hizo el bachillerato por cursos
nocturnos, para después pasar un curso de secretaria.

Sin embargo no se detuvo ahí. "Después me gradué como operadora de
micro", cuenta, "estoy estudiando para podóloga y trato de tomar todos
los cursos de los que me entero, para ver qué puedo ejercer sin que vean
mi discapacidad como un obstáculo, porque hasta ahora la silla (de
ruedas) todo lo perjudica".

"No quiero caridad, quiero trabajar"

Ante sus gestiones personales en busca de trabajo, siempre encuentra una
rotunda negativa, disfrazada como "fuera de alcance". "La misma silla
que me ayuda para desplazarme, es la primera limitante que mencionan. Yo
no quiero caridad ni que me regalen nada. Dentro de mis limitaciones
estoy dispuesta a aceptar cualquier trabajo. Lo que hace falta es que me
lo den, para ayudarme a mí y a mi familia".

Sobre la solicitud para recibir alguna ayuda social o el cobro de una
chequera por discapacidad, le fue denegada porque sus padres aún están
vivos, y el padre de sus hijos debería enviarle un estipendio mensual.

Pero según Dayamis, muy pocas veces recibe la manutención de sus hijos.

"Ya no sé qué hacer, no aguanto más, a veces he pensado en…", se
interrumpe, guarda silencio un momento antes de continuar: "…no sé ni
cuantas cosas".

"Me preocupo por los niños, que van a la escuela con una mochilita que
da pena y los zapatos rotos y viejos. Y me duele, porque veo como la
gente los mira y siento la impotencia de no poder hacer nada", confiesa.

Su madre, Martha Rosa Corrales Barzaga, es custodio en el policlínico
local y cobra "un salario mensual de 565 pesos (unos 23 dólares), pero
luego de los descuentos en el trabajo, créditos, y electricidad, solo
quedan alrededor de 100, y aún no he descontado el gasto de medicinas".
Revisa unos papeles y continúa: "Este mes he gastado casi 60 pesos en
medicinas"

"Hay que hacer magia para mantener cuatro personas con 40 pesos",
concluye. "Hoy mismo aquí no hay nada que comer".

La negligencia médica

Dos gruesas cicatrices surcan el vientre de Dayamis, formando casi un
cinturón a la altura de la cadera. Otras más en la entrepierna y en la
rodilla derecha son resultado de varias operaciones más; unas tratando
de corregir un defecto en la rodilla y otras para restaurar las secuelas
de la primera intervención, errónea, realizada en el hospital provincial
granmense "Carlos Manuel de Céspedes", de Bayamo.

La negligencia médica fue silenciada y disfrazada con una afectación
inexistente. No hubo consecuencias para los responsables ni retribución
por los daños.

"Cuando era jovencita, yo tenía la rodilla virada y quise operarme para
corregir ese defecto. Los médicos se confundieron y, en vez de operarme
la rodilla, me operaron la cadera y quedé discapacitada. Cuando se
reclamó, le dijeron a mi mamá que había sido por un desgaste que habían
descubierto… y todo quedo así, sin consecuencias", cuenta Dayamis.

"No nos conformamos con las explicaciones, y al buscar segundas
opiniones los médicos especialistas del Hospital Provincial de Santiago
de Cuba dudaron del procedimiento e investigaron el caso. Le hicieron
saber a mi mamá que a mí me habían picado por gusto, porque yo en la
cadera no tenía nada".

"Luego vinieron seis operaciones más para corregir los problemas, pero
al final terminé inválida a los 19 años, y en lo adelante todo se puede
resumir con dos palabras: pasar trabajo", termina diciendo. "Ellos son
los culpables de que yo este así. Tanto que se habla de los
discapacitados en la televisión, mostrando beneficios, y la realidad es
otra. Todo no pasa de ser una gran mentira, por lo menos conmigo".

El Niágara en silla de ruedas
Inválida debido a una negligencia médica, Dayamis Rosabal se enfrenta
hoy a la exclusión

Miércoles, mayo 25, 2016 | Roberto Rodríguez Cardona | 4 Comentarios




GRANMA, Cuba.- A sus 31 años, Dayamis del Rosario Rosabal Corrales es
una joven cubana que quedó inválida en su adolescencia producto de una
negligencia médica. La vida le regaló dos hijos, pero su discapacidad le
impide obtener empleo para su manutención.

"De nada me ha servido mi formación académica como bachiller y
posteriores capacitaciones", confiesa.

Soltera, vive con su madre y sus hijos de tres y ocho años en el número
27 de la calle Carlos Reina, en Buey Arriba, provincia Granma. A
expensas del salario de su madre y la ayuda familiar, Dayamis no recibe
apoyo de ninguna institución estatal. Y la exclusión le imposibilita
ganarse el sustento por sus propios medios.

"Nunca me han dado ayuda de ningún tipo, ni de Bienestar Social, ni de
la ACLIFIM (Asociación Cubana de Limitados Físicos y Motores) ni del
Gobierno; nunca me han pagado chequera, ni ayuda social, pero tampoco me
han ayudado a obtener empleo", denuncia.

"Ya no me quedan lugares adonde acudir. Los del órgano de trabajo
tomaron mis datos, pero dijeron que solo era para llevar el conteo, que
no podían prometerme nada porque era muy difícil encontrar trabajo para mí".

Dayamis estudió hasta noveno grado en la escuela especial "Solidaridad
con Panamá", en La Habana. Luego hizo el bachillerato por cursos
nocturnos, para después pasar un curso de secretaria.

Sin embargo no se detuvo ahí. "Después me gradué como operadora de
micro", cuenta, "estoy estudiando para podóloga y trato de tomar todos
los cursos de los que me entero, para ver qué puedo ejercer sin que vean
mi discapacidad como un obstáculo, porque hasta ahora la silla (de
ruedas) todo lo perjudica".

"No quiero caridad, quiero trabajar"

Ante sus gestiones personales en busca de trabajo, siempre encuentra una
rotunda negativa, disfrazada como "fuera de alcance". "La misma silla
que me ayuda para desplazarme, es la primera limitante que mencionan. Yo
no quiero caridad ni que me regalen nada. Dentro de mis limitaciones
estoy dispuesta a aceptar cualquier trabajo. Lo que hace falta es que me
lo den, para ayudarme a mí y a mi familia".

Sobre la solicitud para recibir alguna ayuda social o el cobro de una
chequera por discapacidad, le fue denegada porque sus padres aún están
vivos, y el padre de sus hijos debería enviarle un estipendio mensual.

Pero según Dayamis, muy pocas veces recibe la manutención de sus hijos.

"Ya no sé qué hacer, no aguanto más, a veces he pensado en…", se
interrumpe, guarda silencio un momento antes de continuar: "…no sé ni
cuantas cosas".

"Me preocupo por los niños, que van a la escuela con una mochilita que
da pena y los zapatos rotos y viejos. Y me duele, porque veo como la
gente los mira y siento la impotencia de no poder hacer nada", confiesa.

Su madre, Martha Rosa Corrales Barzaga, es custodio en el policlínico
local y cobra "un salario mensual de 565 pesos (unos 23 dólares), pero
luego de los descuentos en el trabajo, créditos, y electricidad, solo
quedan alrededor de 100, y aún no he descontado el gasto de medicinas".
Revisa unos papeles y continúa: "Este mes he gastado casi 60 pesos en
medicinas"

"Hay que hacer magia para mantener cuatro personas con 40 pesos",
concluye. "Hoy mismo aquí no hay nada que comer".

La negligencia médica

Dos gruesas cicatrices surcan el vientre de Dayamis, formando casi un
cinturón a la altura de la cadera. Otras más en la entrepierna y en la
rodilla derecha son resultado de varias operaciones más; unas tratando
de corregir un defecto en la rodilla y otras para restaurar las secuelas
de la primera intervención, errónea, realizada en el hospital provincial
granmense "Carlos Manuel de Céspedes", de Bayamo.

La negligencia médica fue silenciada y disfrazada con una afectación
inexistente. No hubo consecuencias para los responsables ni retribución
por los daños.

"Cuando era jovencita, yo tenía la rodilla virada y quise operarme para
corregir ese defecto. Los médicos se confundieron y, en vez de operarme
la rodilla, me operaron la cadera y quedé discapacitada. Cuando se
reclamó, le dijeron a mi mamá que había sido por un desgaste que habían
descubierto… y todo quedo así, sin consecuencias", cuenta Dayamis.

"No nos conformamos con las explicaciones, y al buscar segundas
opiniones los médicos especialistas del Hospital Provincial de Santiago
de Cuba dudaron del procedimiento e investigaron el caso. Le hicieron
saber a mi mamá que a mí me habían picado por gusto, porque yo en la
cadera no tenía nada".

"Luego vinieron seis operaciones más para corregir los problemas, pero
al final terminé inválida a los 19 años, y en lo adelante todo se puede
resumir con dos palabras: pasar trabajo", termina diciendo. "Ellos son
los culpables de que yo este así. Tanto que se habla de los
discapacitados en la televisión, mostrando beneficios, y la realidad es
otra. Todo no pasa de ser una gran mentira, por lo menos conmigo".

Video:
https://www.youtube.com/watch?v=MCLgj4Z1emE

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https://www.cubanet.org/actualidad-destacados/el-niagara-en-silla-de-ruedas/

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[source: http://saludcuba.blogspot.com/2016/05/el-niagara-en-silla-de-ruedas.html]

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