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Revolución

El abordaje final al Colegio Médico Nacional de Cuba.


Todo estaba listo para la celebración en Santiago de Cuba de la Asamblea  Médica Nacional para lo cual el Comité Ejecutivo del Colegio Médico Nacional de Cuba había librado la correspondiente convocatoria. Antes se habían efectuado las elecciones, y por lo tanto, a esta reunión de los médicos cubanos asistirían  delegados que representaban cada una de los grupos o tendencias  que integraban  el conjunto de los profesionales agrupados en el Colegio Médico.

El número de delegados electos para esta Asamblea fue de 226. Como los partidos Acción Inmediata y Unidad Federativa fueron coaligados a los comicios suman entre ambos 127 delegados teniendo la mayoría frente al Partido Médico de la Revolución, que agrupaba a los apandillados profesionales procastristas que llevaban 92 delegados. Todo indicaba que el enfrentamiento era inminente pero que las decisiones más importantes, llevadas a votación, inclinarían el voto hacia tendencias  más moderadas si es que cabe el término.  

Por una  parte la preparación sombría y canallesca  de los integrantes del Partido Médico de la Revolución y la disposición de estos forajidos, que más que profesionales de la salud constituían una pandilla de comisarios dedicados a la sordidez ideológica, ya habían hecho su parte. Estos  habían llegado a la Asamblea para escenificar el asalto final a la organización gremial de los médicos cubanos en tanto que tenían en la mira los fondos del Colegio Médico, y sobre todo, el regio edificio recién inaugurado del Seguro Médico en La Rampa. Era en este edificio donde radicaban las direcciones del Colegio Médico Nacional, el Colegio Médico Municipal de La Habana y el directorio del Seguro del Médico.  El interés principal estaba en establecer el control y ejercer el poder a como diera  lugar;  y a eso fueron a Santiago de Cuba los médicos comunistas coludidos con el Partido Socialista Popular y los Comandantes tira-tiros de la Sierra Maestra; todo esto ocurrió  en ese diciembre de 1959 ya finalizando el Año de la Liberación.

Club San Carlos y Hotel Casa Granda.
Ya el desánimo, el temor y la incertidumbre habían minado la organización de los médicos cubanos[1], como venía ocurriendo en toda la sociedad cubana; apenas se superaba el primer año de la triunfante Revolución que vino a solucionar todos los males de la nación.
No estaban  los delegados  del Partido Médico de la Revolución en aquel congreso para respetar las conductas establecidas de todo proceso parlamentario democrático. Fueron a obstaculizar la Asamblea inspirados en su dedicación al desorden de los que, triunfantes, andaban de verde olivo y con el botafuego a la cintura. Dejando claro que quienes habían asaltado el poder político, también decidían sobre toda y cada una de las organizaciones de la sociedad civil. Desde  ya no se librarían del vasallaje ideológico ningún  individuo o institución civil en Cuba.

Los delegados, bajo acciones coercitivas, habían sido objetos de amenazas de cesantías, traslados de sus cargos e incluso enviarlos a la cárcel. El  primer día de trabajo de la Asamblea y cuando el Secretario General leía su informe los roñosos delegados  procastristas gritaban e interrumpían o hacían uso de la violencia física para entorpecer el desarrollo parlamentario de la reunión.[2]

Dr Jose R Machado Ventura
Pero lo peor estaba por  venir en la sesión de la tarde cuando los delegados procastristas, que eran minorías, se emplearían a fondo en atacar y deshonrar  al  Presidente del Colegio Médico, el doctor Augusto Fernández Conde. Lo que siguió fue la dedicación  feroz de un grupo de violentos malhechores que atacan,  sin escrúpulos alguno, a la honra y la reputación de una figura pública dedicado al liderazgo del entonces Colegio Médico Nacional de Cuba. Algo ya considerado y estudiado en lo que se ha dado en llamar: el otro paredón.[3]
Desacreditar al doctor Fernández Conde fue la táctica principal; acusándolo de  supuestos actos de corrupción en el manejo de los fondos del Seguro Médico y de la construcción del edifico del Colegio Médico Nacional. El  retorcido comandante Machado Ventura introdujo una moción de desconfianza en tanto que lo  calificaban de  batistiano; endosándole relaciones con funcionarios de la administración de Batista.  

Lo que siguió en aquellos salones fue un furioso enfrentamiento donde el doctor Fernández Conde desmontaba los argumentos de los envilecidos ideólogos de la naciente revolución socialista  que procuraban imponer sus propósitos. Una batalla de fotos,  revelaciones, boletas electorales, postulaciones, la dedicación al baile del doctor  Martínez Páez, gritos, palabras  ofensivas, malas palabras y hasta esa abrumadora practica de mentarse la madre; todo esto  sucedió en aquella sesión, hasta que el doctor Roberto  Sollet dio su piñazo[i]. La Asamblea en pleno le dio una ovación al doctor Fernández Conde para cerrar aquella turbulenta sesión.[4]

Los médicos comandantes Fernández Mell, Fernández Adán y Machado Ventura con sus trajecitos verde olivo y pistola al cinto se encargaron esa noche de intimidar a los delegados que votarían el día siguiente. El hostigamiento dio sus frutos, ese día muchos de los 127 delegados faltaban en la sala del plenario. Los filocomunistas ganaban por no presentación.

Dr Oscar Fernandez Mell
Después de algunas intervenciones intrascendentes, sale a votación la moción de desconfianza contra el doctor Augusto Fernández Conde que ganan los procastristas por un escaso margen de solo 12 votos. La intimidación, el acoso y la ausencia de los delegados como consecuencia de lo anterior permitieron esa votación que puso fuera de juego al presidente del Colegio Médico mediante un pérfido proceso de atentado a la honra y reputación del mismo y por extensión al resto de Comité Ejecutivo que lo apoyaba.  
Después vinieron las votaciones para elegir al Presidente y el resto del Comité Ejecutivo del Colegio Médico Nacional, como era de esperar el Comandante  doctor Oscar Fernández Mell fue electo presidente. Un delegado del Partido Médico de la Revolución reseñaba, años después, esta Asamblea y sus resultados en estos términos:

Es así como el 19 de Diciembre de 1959 en los salones del Hotel “Casa Granda” en Santiago de Cuba[ii] se efectuaron las elecciones colegiales y fue elegido el Comandante Dr. Oscar Fernández Mell como Presidente del Colegio Médico Nacional, Dr. Leopoldo Araujo Bernal como Vice Presidente, Jorge Aldereguía Valdez-Brito como Secretario. Fui testigo ese día de un enfrentamiento político donde vi brillar al Dr. Gustavo Aldereguía Lima a Julio Martínez Páez a Machadito y a tantos otros los cuales dejaron en mí, ideas y principios imborrables y los cuales me han servido para conducir mi vida a través de estos 50 años, después de la constitución y triunfo del “Partido Médico de la Revolución”.[5]

La discusión duró dos días y fue interrumpida para celebrar las elecciones, donde resultó electo Presidente el Dr. Oscar Fernández Mell, Comandante médico del Ejército Rebelde, y Secretario el Dr. Jorge Aldereguía Valdés-Brito. Alemañy fue uno de los ponentes del único tema que pudo discutirse: “La creación de las Milicias Médicas”.

Los médicos que habían apostado por la naciente dictadura, aupados por el poder y haciendo uso de las dedicaciones más despreciables para asaltar y controlar a  la organización gremial de los médicos cubanos, se agruparon en el podio de la Asamblea y cantaron el himno del 26 de Julio. Fue una celebración militar. Tan temprano como diciembre del 1959 Cuba comenzó a perder, y otro tanto ocurrió con los médicos cubanos.

©2019



[1] González, E. A. (2018, March 14). Intentos de pintar de rojo al Colegio Médico Nacional de Cuba. Retrieved April 18, 2017, from https://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/intentos-de-pintar-de-rojo-al-colegio-medico-nacional-de-cuba-332272

[2] Amado Ledo, E. (1974). El Colegio Médico Nacional de Cuba y la Revolución Castro comunista (I ed.). Caracas, Venezuela: Dr Hildo Folgar Montero.

[3] V. (2011). EL OTRO PAREDÓN ASESINATOS DE LA REPUTACIÓN EN CUBA (Primera ed.). Miami, FL, USA: Eriginal Books LLC.

[4] Amado Ledo, E , Op.Cit., p 80

[5] Jova, R. I. (n.d.). 50 años después de la constitución y triunfo del Partido Médico de la Revolución. Retrieved April 18, 2019, from http://www.ilustrados.com/tema/13097/anos-despues-constitucion-triunfo-partido-medico.html



[i] Se refiere al doctor Roberto Sollet Guilarte, quien actuó así tal vez tratando de ganar notoriedad entre los revolucionarios. En su momento este mostró una dedicación poco creíble en México.

[ii] Otra referencia sitúa la Asamblea en los  salones del Club San Carlos de Santiago de Cuba.


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La emigración médica en los primeros años de la Revolución.

En la mañana  del primero de enero del año 1959 nos llegó la revolución. El regocijo colectivo alcanzó a todo un pueblo. El juglar alborozado dijo que las sombras habían dado paso a la luz, los héroes triunfantes eran semejantes a palomas armadas y bravas; las hieles se convirtieron en miel, la ortiga en clavel y ya la Patria toda no sería más un cuartel..., así nos dijeron y nos cantaron. La sociedad de asombro quedó exhausta y prontamente expuesta. Nos llegó una revolución tan revolucionaria que nos endilgo una tiranía y un socialismo cuartelero. Así estamos aún lapidados y agónicos.

De esa sociedad de cubanos entregados a un devenir incierto e intensamente politizado eran parte unos 6261 médicos , agrupados en una organización gremial bien establecida, de dedicación honrada y excelencia cívica. Muchos de ellos dados a la práctica y la enseñanza de la Medicina en una Universidad considerada entre las mejores.

Se repite hasta el cansancio que la primera víctima de una guerra es la verdad, durante el periodo insurreccional ya la verdad había sido atormentada, con lo que venía después…, el asalto al poder. Definitivamente la verdad fue la primera víctima de la dictadura.

Para ello se re escribe la historia, se cambia esta si es necesario y se inventan informaciones que seduzcan  a una sociedad  entusiasmada por el triunfo y proclive a la mentira. De inmediato se dio la noticia – fraude de los 20 mil muertos causados por el régimen de Batista[1]. Verdadera aberración informativa lo fue aquella noticia del padre que le daba los cráneos a su hijo para que jugara, con foto incluida, que trataba de mostrar todo lo cruel que fueron los perdedores[2]. Una de las informaciones que más influyó en la conciencia colectiva, fue la noticia de que en los primeros años de la revolución Cuba fue despojada, por el imperialismo, de la mitad de sus médicos. Es así que la naciente revolución y su recién estrenado sistema de salud se topaba con un problema de emigración médica de tal envergadura que ponía en peligro la salud del pueblo. “Nos dejaron con 3000 médicos”  dijeron y aun dicen sin reparos.
En este artículo tratare esta información, sus implicaciones y las razones que han tenido y aún tienen los médicos cubanos para decidir emigrar del país que estableció desde enero de 1959 la dictadura del proletariado; sus razones, frustraciones y temores.

Es el  artículos de los doctores Araujo Bernal y Rodríguez Cavaldá (1968)[3] en primer término y el otro artículo del doctor Rojas Ochoa (2015)[4]; el primero contaminado por la ideológica y el segundo más reciente y revelador; es que disponemos de datos precisos sobre los médicos cubanos que emigraron en los primeros años de la Revolución. Los autores se remiten a datos del Colegio Médico entre los años 1953-1965.
Entre los años 1953-1956 emigraban de Cuba un promedio anual de 34 médicos. En los años 1957 y 1958 estuvo cerrada la Escuela de Medicina y al reiniciarse las actividades de esta, en el año que nos liberaron, solo emigraron 42 médicos. A partir del 1960 aumenta la emigración médica, siendo el año de 1961 cuando emigran el mayor número de médicos (778). A partir del 1962 desciende el número de médicos que emigran porque la recién estrenada dictadura socialista echo el cierre, así de sencillo.

Al déficit de médicos que emigraban se sumaban las graduaciones de nuevos médicos  que venían ocurriendo y los médicos que llegaron a Cuba provenientes de otros países, latinoamericanos o de Europa del Este. De acuerdo al doctor Rojas Ochoa, nunca hubo una pérdida de la mitad de los médicos cubanos, ni se originó un éxodo masivo ni asistimos a un colapso del sistema de salud. Vean los datos y pueden sacar sus propias conclusiones.
Ahora bien, ¿que  ocasionó una emigración súbita de médicos cubanos en el 1961 (778) cuando en los años de los cincuenta solo emigraban, en promedio, unos 34 médicos cada año? La respuesta es sencilla: había llegado la revolución, socialista, ésta, y los aprendices de comunistas empezaron a hacer de las suyas.

Con la llegada de los libertadores, se crea de inmediato el Partido Médico de la Revolución, especie de Brigada de Respuesta Rápida conformada por médicos procastristas que tenían como primer objetivo controlar y acabar con el Colegio Médico Nacional de Cuba. Es así que los médicos cubanos ven de inmediato que su organización gremial comenzaba a ser acosada por los médicos revolucionarios y el gobierno. Se trató de eliminar la Inamovilidad Médica que era un logro del gremio ante las arremetidas del gobierno de Batista para quitar y poner funcionarios médicos a su antojo. Se aplicó la coacción militar previa a las elecciones del Colegio Médico de La Habana. Se produjo un verdadero asalto a la organización médica cuando los retorcidos miembros del Partido Médico de la Revolución con el apoyo del gobierno lograron el control total en la Asamblea Médica Nacional en diciembre de 1959. Necesitaron solo un año para dar cuenta del Colegio Médico Nacional.[5]

En este mismo año de la liberación comenzaron las depuraciones de los profesores de Medicina de la Universidad de la Habana. Entre los depurados, jubilados y renunciantes; el claustro había perdido 74 profesores que representaban el 47% del claustro que había reiniciado sus labores en enero de 1959. En una segunda limpieza académica entre los depurados  y los renunciantes, fueron 80 profesores que dejaron la Facultad de Medicina. Cuando se aplica la Reforma Universitaria en el año 1962 quedaban en la Facultad de Medicina, entre profesores antiguos y contratados, 23 profesores en las diferentes cátedras. [6]
Bajo el control de los forajidos de bata blanca se acordó impedir la salida a los médicos sin previo permiso del Comité Ejecutivo del Colegio Médico Nacional, designaron a dedo el director del Seguro Médico y se robaron el  edificio del Colegio Médico Nacional donde ha estado el Ministerio de Salud Pública (MINSAP). Trataron sin conseguirlo de obligar que los médicos  apoyaran  y firmaran  la “Declaración de La Habana”. Se obligó a los médicos a incorporase al Sindicato de Trabajadores de la Salud, dejando a un lado el Colegio Médico Nacional que más tarde sería disuelto. Todas las sedes locales del Colegio Médico Nacional fueron “donados” a la Revolución. Dieron cuenta de la Ley de colegiación médica, establecieron la obligatoriedad del servicio médico social, la modificación del juramento hipocrático y la abolición de la práctica de la medicina privada. El 1º de mayo de 1966 se decide la disolución del Colegio Médico Nacional.[7]

La revolución se estableció como una dictadura totalitaria y de vocación criminal, todos los derechos fundamentales han sido vulnerados. Desde  enero de 1959 vivimos  bajo una satrapía en un país donde nadie quiere vivir.
Considerando todo lo anterior podemos entender por que los médicos cubanos comenzaron a emigrar a partir del año 1960, éxodo tan prolongado que no se ha detenido en más de medio siglo.

Pero explicaciones como esta no las proporciona del doctor  Araujo Bernal. Este retorcido personaje, que en el año 1940 participaba en el “Tren de la Victoria” durante la campaña presidencial de Batista, y que en 1958 sirvió de corre ve y dile de la fracción comunista del Colegio Médico Nacional cuando progresaban las gestiones del denominado Conjunto Cívico de Instituciones Cubanas; en los años sesenta, metido de lleno en la estructura administrativa-ideológica de la revolución señalaba las características y motivaciones de los médicos cubanos que emigraban en número tal que supuso una preocupación para la dirigencia de la revolución.

Entre los factores que considera  para explicar la emigración médica en los años sesenta están : la procedencia y pertenencia de clase, la concepción capitalista de la Medicina, el papel del médico en la sociedad, la referencia a la práctica médica de excelencia en los EEUU y las consideraciones de que este país tiene, para todos, el modo de vida americano[8]. Olvidan los justificadores de la dictadura que las gentes vive y trabaja en libertad y que la tiranía, el desprecio al derecho y la dedicación cautiva de la práctica médica no le interesa a ningún profesional de la salud ni en Cuba ni en ningún otro país. Por eso se iban en los sesenta y por eso se van en el presente.

¿Qué médico quería la revolución socialista y su líder máximo?, el fidelísimo retoño martiano; aquel que siendo un titán de la hazaña, en el enero incierto de 1959, regaba  orquídeas y flores de montaña. No aceptaban a los que traicionaban a su patria que poco  podían hacer para el desarrollo de la medicina, enmarcada en la humana concepción socialista; querían a hombres médicos genuinamente revolucionarios y leales a la medicina y a su patria. [9]

Que los médicos  cubanos se van, desertan, presentan la salida, esperan por el permiso, sufren la espera de la firma del ministro…, de todo hacen; es una realidad que persiste en el tiempo. Solo desde el Brasil, 1 439 médicos cubanos emigraron a Estados Unidos a través de la Cuban Medical Professional Parole (CMPP) en el año 2016, antes del cierre de este programa; varados en Colombia porque no pudieron beneficiarse con este programa, cerca de 300 médicos cubanos esperan. Todo indica que más de medio siglo después de establecerse la dictadura en Cuba estos médicos cubanos no se ajustan a la condiciones de revolucionarios genuinos y leales a la patria socialista.

¿Por qué se van los profesionales médicos cubanos?; por la misma razón por lo que se van en oleadas sucesivas los cubanos, en salidas ilegales que no cesan y en deserciones que no acaban. En un país donde se implantó  un control total por una tiranía comunista, donde el derecho ha sido despreciado y la honradez se ha alejado, donde la miseria se hace ostensible y no hay oportunidad alguna para la dedicación libre; donde la virtud tropieza y hay un desdén a la civilidad y el decoro; no queda otra..., hay que irse.

Cuando termine esta pesadilla, exiliado como somos, regresaremos; que no quepa la menor duda. ¿En qué condiciones vamos a regresar? Ya veremos….,

2017©



                                                                                



  










[1] Lago, A. M. (2002, Octubre 30). El fraude de los 20.000 muertos de Batista. Retrieved August 7, 2017, from http://arch.cubaencuentro.com/sociedad/2002/10/10/10203.html

[2] González, E. A. (2008, Octubre 11). “El Padre le daba los cráneos de sus víctimas para que jugara”. Retrieved August 7, 2017, from https://medicinacubana.blogspot.com/2008/10/el-padre-le-daba-los-crneos-de-sus.html?m=1

[3] Araujo Bernal, L. and Rodríguez Gavalda, R. (1985). Emigración Médica. In: L. Araujo Bernal and J. Llorens Figueroa, ed., La lucha por la salud en Cuba, 1st ed. México: Siglo XXI, pp.232 -255.

[4] Rojas Ochoa, Francisco. (2015). El número de médicos en Cuba 1959-1968. Revista Cubana de Salud Pública, 41(1) Recuperado en 07 de agosto de 2017, de http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0864-34662015000100013&lng=es&tlng=es.

[5] Amado Ledo, E. (1974). El Colegio Médico Nacional de Cuba y la Revolución Castro Comunista (1ra. ed.). Caracas, Venezuela: Dr Hildo Folgar.

[6] González, E. A. (2017, June 19). El cambiante claustro de profesores de la Escuela de Medicina de la Universidad de la Habana en los primeros años de la Revolución. Retrieved August 7, 2017, from http://medicinacubana.blogspot.com/2017/06/el-cambiante-claustro-de-profesores-de.html

[7] Amado-Ledo E, Óp. Cit., pág. 32-69

[8] Araujo Bernal, L. and Rodríguez Gavaldá, R. Óp. Cit.,pág. 254

[9] Idem pag. 254

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El cambiante claustro de profesores de la Escuela de Medicina de la Universidad de la Habana en los primeros años de la Revolución.

Por: Dr. Eloy A González.*

Después de publicado en la red el artículo sobre las depuraciones de los profesores de Medicina de la Universidad de La Habana al triunfo de la así llamada revolución; dejé anotado al final lo siguiente: Nunca sabremos cuántos profesores universitarios fueron objetos de estas prácticas que negaban el derecho y discriminaron de manera aviesa a tantos[1]. Fue entonces que  comencé a buscar información sobre lo que se consideró el éxodo de médicos en los primeros años de los 60’s y la adecuación de los planes de estudio de la Carrera de Medicina, lo que se conoció como el “plan Baeza”, entre otros aspectos.

Es así que me encuentro una información sobre los programas de la Carrera de Medicina  y la relación de las cátedras y profesores que componían el  claustro de la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana[2]. Todo esto en  las cambiantes circunstancias de los primeros años de la Revolución, teniendo en cuenta que la Universidad permaneció cerrada durante los años 1957 y 1958. Cuando se reiniciaron los cursos regulares, el claustro de profesores fue objeto de las prácticas infortunadas de los juicios públicos, las depuraciones, las separaciones definitivas, las jubilaciones forzadas y las renuncias. De todo esto quiero tratar en este artículo.

En un documentado libro sobre el sistema de salud en Cuba[3] , encuentro lo que es la opinión de uno de los más conspicuos paniaguados del régimen recién estrenado, tomando partido tan pronto como se produjo el  triunfo revolucionario, esto dice: “Este triunfo significo históricamente la terminación para siempre de cuatro siglos y medio de dominio colonial y neocolonial, de opresión de las masas trabajadoras……, La victoria revolucionaria altero en sus fundamentos la correlación entre las clases sociales del país”. Aquí viene lo mejor: “Al calor de la lucha de clases se produce un éxodo masivo de médicos estimulados por la política agresiva del gobierno de los Estados Unidos. En los primeros años de la revolución abandonan el país cerca de 3 000 médicos. La Escuela de medicina quedaba con solo 13 profesores”[4]. De los argumentos sobre el éxodo médico, será tema de otro análisis. Lo que concierne a este artículo es definir las contradicciones que se produjeron en los primeros años de la revolución; cuando la dirección revolucionaria dio cuenta de tantos profesionales que participaban en la docencia y eran depurados, o eran funcionarios de las instituciones de salud del régimen anterior y habían sido cesanteados. Pero sobre todo muchos, viendo lo que se avecinaba, tomaron las de Villadiego.

Los  mismos razonamientos que emplean Arujo Bernal y Rodríguez Gavaldá para explicar el supuesto éxodo masivo de médicos al triunfo de la revolución, revelan las verdaderas opiniones que de los médicos cubanos se hacían los nuevos detentadores del poder en Cuba; que se hicieron de un gobierno y establecieron muy pronto una dictadura. Esto autores le dan la excelencia y credibilidad a una clasificación que someten y adecuan a lo que consideran subgrupos de profesionales médicos que emigraron o eran posibles emigrantes[5]. En realidad la clasificación  puede muy bien adecuarse a lo que los nuevos ideólogos pensaban de los médicos y como los veían como potenciales enemigos a combatir y dar cuenta de ellos; sujetos además a las depuraciones, jubilaciones forzadas y renuncias que se engendraron entre los profesores de la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana. Aquí la clasificación:

Grupo A: Médicos comprometidos en las actividades delictivas, políticas o no, de la dictadura de Batista.

Grupo B: Médicos que sea por el ejercicio profesional, herencia, matrimonios u otro factor, poseían un capital apreciable invertido en industrias, bienes raíces, a  quienes las leyes revolucionarias afectaron como inversionistas y propietarios.

Grupo C: Médicos que en el desarrollo profesional habían logrado un estatus por el que lograban grandes  ingresos anuales.

Grupo D: Médicos que por su especial y alta calificación o por la relativa escases de sus especialidades en Cuba, o por ocupar cargos de responsabilidad e importancia, fueron tentados y subyugados con el ofrecimiento de grandes ventajas de todo orden en caso de emigrar.

Grupo E: Entendemos que este grupo es el más numeroso y está constituido por médicos que, fijados por su formación, pertenecientes a la pequeña burguesía, sentían la revolución como algo amenazante para ellos y sus familiares. 

Siendo categorizados y clasificados, la revolución, que se afincaba en una ideológica comunista ya había establecido un derrotero que implicaba la sumisión a esta clase que formaba parte de la pequeña burguesía nacional; para la cual no había más alternativas que la de formar parte del proceso revolucionario  o emigrar. A todo esto se suma las falsedades en las acusaciones, la premura en aplicar una reforma universitaria que pusiera a la Universidad como institución, de rodillas ante el poder, y finalmente consolidar un régimen de tal suerte que aun esta inculcado en la sociedad y la conciencia nacional.

Profesor Dr. Ramón Grau San Martin y Profesor Dr. Manuel Costales Latatú,
 dos de los primeros 12 profesores depurados de la Escuela  de Medicina 1959 

Los profesores fueron víctimas de este ruin accionar que pretendía,- y así lo lograron-, consolidar un sistema de educación médica y de salud proclive a los intereses ideológicos del régimen, que traía las ideas del socialismo tropical que nos endilgaron. Esto les llevó poco tiempo.
La Universidad estuvo cerrada desde noviembre de 1956 hasta enero de 1959, por lo que en 1957 y 1958 no hubo graduaciones de médicos. Sí contamos con la relación de profesores que integraban el claustro en el año 1956, lo que sirve como referencia para poder comparar con el cambiante claustro de profesores que quedó de manera definitiva y al servicio de la revolución cuando se establece la Reforma Universitaria el 10 de enero de 1962. Pero veamos algunas particularidades de este variable proceso.

En el año 1956 la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana contaba  con un claustro de 161 profesores titulares, auxiliares y agregados. Cuando se reinician las actividades docenes 4 profesores habían fallecido por lo que el claustro era de 157 profesores distribuidos en las diferentes cátedras. Fue entonces, al comienzo del año 1959, que se procedió a las depuraciones, la primera. En esta se tomaron en cuenta la colaboración con la dictadura batistiana y la participación como candidatos en las elecciones generales de 1954 y 1958; fueron expulsados 12 profesores. Es decir que fueron depuestos por participar en elecciones generales, no sabemos si como candidatos. La libre decisión de participar en unos comicios fue causa suficiente para ser proscritos del claustro, no sin antes ser calificados de “batistianos”. Los primeros profesores depurados, 12 en total, fueron los doctores:  Ramón Grau San Martín, Manuel Costales Latatú, Hugo Hernández Blanco, Enrique Saladrigas Zayas, Alfredo Nogueiras Herrera, Manuel Ampudia González, Félix Hurtado Galtés, Luis Ortega Verdes, Juan J. Castillo Arango, José Iglesias de la Torre, Delio García Romeu y Octavio Iglesias Pérez.

A esto se sumó la reacción de un grupo destacado de profesores que, en desacuerdo con el giro que tomaban los acontecimientos en la Facultad de Medicina, el 2 de febrero de 1959 seis de ellos, considerados de gran prestigio científico y que no habían sido acusados, presentaron las renuncias irrevocables a sus cátedras. Este hecho se conoce como: "la renuncia de los puros”. Es decir que se les consideró  como “puros”en tanto se establecía  un neto distingo con los anteriores depurados que fueron supuestos “colaboracionistas”. Los profesores renunciantes-puros fueron los doctores: Ricardo Núñez Portuondo, Gustavo Cuervo Rubio, Pedro M. Castillo Martínez, José Bisbé Alberni, Vicente Pardo Castelló y Roberto Varela-Zequeira Rodríguez.

Un grupo numeroso de profesores, 44 en total,  se acogieron a la jubilación por la edad ante  el temor de lo que veían venir, un nuevo proceso de depuraciones; donde serían sometidos a juicios públicos y sujetos a contravenciones de incumplimientos e incapacidad que bien podían no ser ciertos. Algo así como..., “me voy antes que me depuren”. También una Ley del año 1960 (Ley No. 859), -que establecía la jubilación obligatoria-, le fue aplicada a 12 profesores de la Facultad de Medicina. Esto significa que, entre los depurados, jubilados y renunciantes; el claustro había perdido 74 profesores que representaban el 47% del claustro que había reiniciado sus labores en enero de 1959.

Profesor Dr. Ricardo Núñez Portuondo y Profesor Dr. Gustavo Cuervo Rubio,
 dos de los profesores “puros” que renunciaron en solidaridad con los depurados.

Entre el año 1959 y1960 con la intención de cubrir las plazas de estos profesores, fueron contratados 28 médicos que habían desempeñado o desempeñaban las plazas formadoras de la carrera docente: adscriptos, instructores y asociados. Solo que esto vino a complicarse, porque en una reunión del claustro de la Facultad de Medicina el 29 de julio de 1960 la mayoría de los profesores presentes, no aceptaron la nueva forma de cogobierno entre profesores y alumnos, ni la disolución del Consejo Universitario para ser sustituido por una Junta Superior de Gobierno, ni la sustitución de los Decanatos por Juntas de Gobierno en las Facultades. Entonces los nuevos mandamases  los declararon en “rebeldía contrarrevolucionaria” y fueron depurados 46 profesores. Un grupo de profesores que no habían estado presentes en la reunión mencionada, en solidaridad con los expulsados, renunciaron a sus cátedras; estos fueron 34 en total. Entre los depurados en esta segunda limpieza académica y los renunciantes, fueron 80 profesores que dejaron la Facultad de Medicina. Cuando se aplica la Reforma Universitaria en el año 1962 quedaban en la Facultad de Medicina, entre profesores antiguos y contratados, 23 profesores en las diferentes cátedras.
Resulta sorprendente que las autoridades revolucionarias que habían hecho suyas las proyecciones del programa del Moncada y que buscaban crear un sistema de salud que alcanzara a mucho después de un reordenamiento de las políticas de salud y de novedosos programas de educación médica; ahora se dedicaban a la lucha ideología. Estos  nuevos líderes y funcionarios de ocasión no  vacilaron en despreciar la justicia, cuestionaron la rectitud de muchos y dejaron a un lado la  honradez ciudadana. Se emplearan a fondo en controlar a la Universidad en tanto que institución y en esta la Escuela de Medicina. Fue así que arremetieron, inhabilitaron, mintieron y agraviaron el decoro de muchos, para expulsar a tantos profesores con una bien ganada reputación como médicos y educadores; lo que en realidad ponía en peligro sus propios planes dirigidos a los más desfavorecidos.

Pero estos nuevos autoritarios, ávidos de poder, le echaron mano a la represión y la exclusión social. Terminaron fusilando, llenando las cárceles de presos, promoviendo el éxodo y alimentando el odio entre los cubanos. Con lógica razón muchos se preguntaron: ¿cómo proscribir a tantos profesores que podían formar las nuevas generaciones de médicos que reclamaba la revolución para sus planes de salud? Años después de las depuraciones  y jubilaciones forzadas le  preguntaron al doctor Roberto Guerra Valdés, sobre la aplicación de estas jubilaciones obligatorias y contestó que “esos profesores constituían un obstáculo a la aplicación de la reforma” universitaria que se buscaba imponer. Es decir, eran los que no entraban ni iban a entrar por el aro ideológico, por lo tanto había que eliminarlos.

La Revolución había llegado; su ideología sin lugar a dudas de corte socialista pretendía, sin cortapisas, establecer una sociedad que trasformara la estructura económica y social del país. Que esta se adecuara a un programa impuesto, donde se instaurara la dictadura del proletariado, que era decir la dictadura Castro comunista. En poco tiempo se estableció y se apuntaló al punto de que lleva más de medio siglo de autoritarismo. Para lograr esto había que asaltar el poder, desmantelar lo que quedaba del estado de derecho y conculcar las libertades que recién se habían rescatado.

Por aquellos días en la Universidad de La Habana enterraron de manera simbólica un medio periodístico de la época. En son de fúnebre pachanga, señalaba un conocido  periodista[6]. Esto dijo en aquella ocasión el comunicador: Ustedes nos plantean la disyuntiva que hay que estar con o contra la Revolución. Pero habrá que preguntarles con cuál Revolución. Si con la Revolución Cubana que depuso a un tirano y planteó de inmediato la liquidación del peculado, la reparación de viejas injusticias y la afirmación de nuestras esencias patrias, o la Revolución de los excesos, de las mentiras, del odio, de los asaltos……”, y sí, se produjo un asalto; la nación toda fue ocupada y las conciencia colectiva  adormecida; la sinceridad tropezó en la plaza pública  y la honradez  nunca más pudo presentarse.

6.9.2017©

*Médico Especialista de I Grado en Oncología. Profesor Instructor de Farmacología de la Universidad de la Habana.  Asesor Nacional del Colegio Médico Independiente de Cuba. Columnista del Diario Digital Independiente cubano, NoticubaIntenacional y del Periódico Panorama de Fort Worth, Texas. Contribuye con artículos de opinión sobre Cuba en distintos sitios Web con temas de Salud y DDHH entre otros. Consultor para Gerson Lehrman Group. Ha trabajado como Oncólogo para la Secretaria de Salud del Estado de Tamaulipas, México. Edita el Blog de Medicina Cubana. E mail:cubanmedicine@yahoo.com

  



[1] González, E. A. (2007, April 18). Las depuraciones de profesores en la Facultad de Medicina de la Universidad de la Habana en el Año de la Liberación. Retrieved April 30, 2017, from http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/las-depuraciones-de-profesores-de-la-escuela-de-medicina-329146

[2] Planes de estudios de la carrera de medicina de 1959 a 1966 y cambios en el profesorado. (n.d.). Retrieved May 18, 2017, from http://bvs.sld.cu/revistas/his/his_107/his06107.htm . No aparece el nombre del autor, tampoco la fecha de publicación; se trata de Cuadernos de Historia de la Salud Pública No. 107

[3] Llorens, J. (1985). La lucha por la salud en Cuba (Primera Edición ed.) (L. Araujo, Ed.). México: Siglo XXI editores. Los editores aparecen como coordinadores.

[4] Araujo L, Llorens J., Óp. Cit., p. 20

[5] Araujo, L., & Rodríguez, R. (1985). Emigración Médica. En La lucha por la salud en Cuba (Primera Edición ed., pp. 232-257). Mexico: Siglo XXI Editores. Pag. 246-247

[6] Medrano, E. (1960, May 14). Los Enterradores. Prensa Libre. El 16 de mayo de 1960, Prensa Libre fue invadido y confiscado.

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Pedido de solidaridad para con activistas y periodistas independientes en situación crítica de salud en Cuba.

Todos los que hemos sido parte de la oposición en Cuba pasamos por no pocas privaciones y escaseces; en ocasiones afectaciones de la salud que teníamos que asumir con carencias alimenticias y de medicamentos. Hoy leemos con detenimiento este artículo donde se pide solidaridad y ayuda para algunos opositores en Cuba, periodistas independientes ellos, que pasan por serios quebrantamientos de salud. Dice la nota: ¿Por qué no actuar con urgencia y contribuir para aliviar la quebrantada salud de Julio Aleaga Pesant, Rogelio Fabio Hurtado, Osmar Laffita y otros en situación crítica? Cuando preparaba esta nota encuentro en la red la información de que el periodista, poeta y escritor independiente Rogelio Fabio Hurtado se encuentra ingresado en la sala de terapia intensiva del capitalino Hospital Clínico Quirúrgico “Joaquín Albarrán”, aquejado por un severo y complicado cuadro clínico.

¿No es capaz este Exilio solidario y comprometido con los activistas y periodistas independientes en Cuba ayudar a estos dedicados y abnegados  compatriotas? ¡Seamos solidarios, ayudemos en lo que podamos a estos valerosos cubanos!

El Cerro, la Habana (PD).- Antes y después del triunfo de la Revolución ha habido personas calculadoras, interesadas, oportunistas.

Posterior al golpe del 10 de marzo de 1952 hubo los que jamás se arriesgaron en hacer algo para que aquella tiranía acabara. Aunque en aquel entonces a quien se exponía enfrentándose a la dictadura, no lo expulsaban de su trabajo ni le negaban el derecho al pago de su jubilación o a la atención médica: los gobiernos o dictaduras anteriores no pudieron ser los dueños absolutos de la nación.

Antes de 1959 había injusticias que erradicar, sobre todo en nuestros campos. En lo que respecta a la salud pública, los servicios no eran de los mejores, y muchas veces dependían de la sucia politiquería. Pero la asistencia médica privada brindaba una atención esmerada a la que por un precio módico se podía tener acceso. Las Clínicas Mutualistas, serias y de calidad, garantizaban un trato excelente para los pacientes, y algo muy importante, sus servicios no estaban politizados.

Mis padres, mis hermanos y dos de mis hijas mayores, fuimos todos socios de la Quinta Dependientes hasta el momento en que esta fue intervenida y los cubanos dejamos de pertenecernos a nosotros mismos.

El 19 de mayo se cumplió 122 años de la muerte de José Martí en Dos Ríos, en 1895, en lucha por la libertad de Cuba. Lamentablemente el sueño martiano “…de una Cuba, con todos y para el bien de todos”, es negado por la Constitución refrendada en 1976 por ser ideológica y excluyente.

¿Sabían los que refrendaron la Constitución que votaran a favor o en contra, nada cambiaría los resultados?

¿Se puede confiar en los resultados de una Comisión Electoral oficialista que responde solo al interés del régimen?

En los primeros tiempos, la mayoría de los cubanos apoyaba a la revolución. Pero también hubo quienes estuvieron claros y no se dejaron engañar. Algunos que creyeron en la revolución, dejaron de creer e incluso algunos se opusieron y corrieron riesgos. En la década de los 80 se hizo mayor el número de los que integraron las filas de los desencantados. Lo demostró el éxodo de Mariel, luego de los acontecimientos de la Embajada del Perú.

También fueron impactantes y desalentadoras, en junio de 1989, las causas 1 y 2 del MINFAR y el MININT.

Hoy son muchos los que prefieren no exponerse. Esos que tienen visas de cinco años para visitar los Estados Unidos o hacen cola para las entrevistas en la embajada norteamericana prefieren no exponerse.


¿Cuántos cubanos piensan de una manera y actúan de otra para no buscarse problemas, evitando así que los incluyan en la relación de los excluidos dentro de la sociedad totalitaria?

Muchas personas, al referirse al régimen, expresan: “¡Que los quiten, quienes contribuyeron a ponerlos!”

¿Cuántos se libran de los centros estatales y por temor en los nuevos trabajos particulares, se subordinan afiliándose al sin sentido movimiento sindical oficialista?

Qué decir de ciertos artistas y músicos, que les encanta visitar los Estados Unidos y sobre todo Miami y que cuando les preguntan por la situación cubana, prefieren responder que ellos no son políticos.

¿Cómo se puede no ser político en un país donde el adoctrinamientos políticos es obligatorio desde la cuna?

Lo que sucede en Cuba es muy complejo.

Muchos gobiernos son complacientes con el régimen castrista, y para no contradecirlo, permiten que sean las entidades oficialistas las que ubiquen a los empleados en sus sedes diplomáticas.

Hay quienes se llenan la boca para exclamar: “¡La oposición cubana es débil y hace muy poco!”. A esos les sugiero se interesen en conocer cuán mal subsiste la mayoría de los opositores y los periodistas independientes. ¿Aún desconocen los riesgos que corren los opositores y los periodistas independientes, cuando tienen que depender de un hospital bajo la dirección del régimen totalitario?

¿Por qué frente a situaciones como estas, que marcan la indefensión de quienes se oponen, al menos alguien se solidariza y les ayuda?

Es necesario que organizaciones filantrópicas y gobiernos democráticos se decidan y contribuyan y ayuden en los casos que así lo requieran.

El régimen cubano, ha sido y es solidario con los que considera sus amigos en esa izquierda carnívora revolucionaria. Cuando amigos del totalitarismo cubano, confrontan problemas de salud, sin demora son trasladados a Cuba y atendidos debidamente.

¿Por qué no actuar con urgencia y contribuir para aliviar la quebrantada salud de Julio Aleaga Pesant, Rogelio Fabio Hurtado, Osmar Laffita y otros en situación crítica?

Quien escribe estas líneas acaba de recibir un envío de medicamentos procedente de Estados Unidos, suministrado por familiares. De lo contrario, no podría estar redactando este escrito. Los medicamentos que requiero están en falta en Cuba desde hace meses. Un tiempo atrás me desorientaron y se negaron a realizarme la imprescindible intervención quirúrgica que necesito.

¿Por qué los amigos que visitan semana tras semana las páginas de Primavera Digital, no se solidarizan y aportan unos centavos mensualmente y contribuyen con los que se exponen, prestándoles ayuda para mejorar el equipamiento de trabajo del periódico y la subsistencia de los más necesitados?

Los que no se exponen se habrán preguntado: ¿Si me expongo, se solidarizarían a favor de mi indefensión y abandono?


Rogelio Travieso;rogeliot@nauta.cu, Teléfono  Móvil 538 59142

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Médico en el campamento cañero de Las 44

Por: Dr. Eloy A González.

Dónde fue a parar la magia de los muñecones. Dónde fueron a parar tantas canciones. Dónde las navajas y las bengalas estallando. Y Tata Güines y El Perico está llorando. Carnavales, Frank Delgado

La Zafra de los 10 millones, ya fracasada, continuaba aun cuando el  estratega mayor de aquella contienda había anunciado que sencillamente los 10 millones ya no iban. Había pasado unos 20 días y el regreso a La Habana parecía remoto.

Me albergaron en el campamento sede del Contingente Lenin, esto cerca del poblado del Yaguabo. Era un campamento muy grande que disponía de todos los recursos y donde estaba el  Puesto de Mando y en estos “puestos de mando” no faltaba nada. Aquí vas a estar hasta que te ubiquen  me dijeron. Los  colegas que estaban allí se mostraban recelosos considerando que su posición estaba en peligro…, nada de esto; al día siguiente me llevaron para un campamento cañero hacia el sur entre el Yaguabo y Cauto Cristo, comenzaba mi segunda experiencia  en aquel acontecimiento desastroso que fue la Zafra del 70.

Arribamos por un angosto terraplén al campamento “Las 44” que en realidad era dos campamentos, alrededor todo era campos de cañas y un canal de regadío. El campamento principal tenía unos 150 macheteros y el otro unos 80 macheteros; la mayoría de ellos cansados de meses de fatigosas jornadas de corte de caña y muchos de ellos enfermos. No disponía de un local para la enfermería ni de un enfermero y los medicamentos eran escasos.
El problema más serio era el número de trabajadores con Sarna, desde las lesiones más sencillas de rascado hasta infecciones severas de la piel. Esto sobre todo en el campamento con menos trabajadores. En el otro campamento  al  problema de la sarna se sumaba la presencia en el campamento de ratas, en número tal, que daban cuenta de los escasos alimentos del almacén y mordían a los albergados sobre todo en los dedos de los pies. Esa misma noche hice un informe a la Dirección Municipal de Salud  y al Puesto de Mando del contingente  sobre estos problemas que entregue al jefe de servicios. Al día siguiente ya en la tarde tenía todo lo necesario para el control de la infestación por Sarna y la infestación por ratones que, por razones que no podía explicar, solo estaban en un campamento. Me enviaron para esto un  raticida anticoagulante muy conocido: walfarina; solo que debía de esperar al trabajador sanitario para emplearlo.

Los hombres fueron puestos en fila al regresar del trabajo, solo cubiertos con su toalla; toda la ropa de cama y su ropa  pasaron a ser hervidas en grandes calderas preparadas para eso, cada uno era responsable de su ropa. A cada uno se le entrego un jabón de Lindano que debían usar para bañarse y guardar si les quedaba; cuando terminaban de bañarse recibían de mis ayudantes un apósito o algodón empapado en Benzoato de Bencillo con Clorofenotano que pasaban por su cuerpo por debajo del cuello y debían esperar a que se secara. Se ponían las ropas recién lavadas, hervidas y secas; al día siguiente se repitió esto. A los trabajadores con graves lesiones de infecciones se les dio algunas dosis de Oxitetraciclina, antibióticos tópicos y un permiso de 4 días para ir a sus casas con toda la ropa; sabía que la mayoría no regresaría y era lo mejor para ellos.

Para la plaga de ratas el sanitario me enseñó a preparar un cebo con maíz molido grueso y residuos de grasa de los calderos a lo que se añadía la walfarina en una proporción aproximada, se hacían bolas que se secaban. En dos noches poniendo estos manjares fue suficiente para terminar la plaga de ratas. En la mañana los trabajadores se levantaban sorprendidos al ver los cientos de ratas y ratones muertos.

El resto de los días pasaba en completo aburrimiento. Me contaban aquellos hombres que llevaban meses trabajando sin descanso y lo que significó la noticia de que no llegarían a cumplir la meta de los 10 millones de toneladas de azúcar. Estoy seguro que muchos se alegraron, pero algunos se fueron en las noches a los cañaverales donde trabajaban hasta el amanecer ayudado por las luces de los tractores y los camiones. El tractorista que me enseñó a manejar y pescaba conmigo en el canal fue uno de ellos, no se reponía del fracaso.

Dos semanas después ambos campamentos fueron trasladados para uno mejor, justo frente a la carretera central y con mejores condiciones. Los macheteros estaban contentos aunque la comida era escasa; uno huesos nadando en un caldo negruzco y rancio era con frecuencia lo que se encontraban los macheteros cuando llegaban de los cañaverales cansados y hambrientos. Eso sí, trajeron desde Manzanillo un Órgano Oriental que garantizaba la música todas las noches acompañando la algazara con abundante ron, aguardiente o alcohol traído directo de las destilerías. Drogados se acostaban hasta el día siguiente que regresaban a los cortes. Teníamos el órgano cerca de la enfermería, lo que supone que aquello era una tortura.

Trabajaba conmigo un viejo enfermero que decía contar con muchos créditos pero que nunca vi. Era bastante diestro en las curaciones pero disponía a su antojo de todo. Empezó a emplear un tratamiento que consistía en extraer sangre que mezclaba con antihistamínicos parenterales o corticoides y le inyectaba vía intramuscular al trabajador, lo vi hacer esto en dos ocasiones y le dije que no siguiera haciéndolo. Cuando se terminó la Poción Jaccoud y los anticatarrales orales, le dio por exprimir los tallos de las matas de plátano y mezclarlo con el alcohol de uso medicinal que teníamos. En las tardes cuando escaseaba el aguardiente y empezaba a sonar el órgano oriental hacían fila los macheteros, todos tenían “apretazón en el pecho”. Había allí una cantidad increíble de medicamentos a nuestra disposición que tal vez superaba lo de la farmacia más próxima.

En el periodo de la Zafra de los 10 millones se puso a disposición de esta meta, por aquellos días ya rematada por el fiasco, todos los recursos del país. Los organismos del nivel central “apadrinaban” centrales azucareros. Muy cerca de nuestro campamento organismos de turismo apadrinaron el Central Cristino Naranjo. Un día fueron allí  los dirigentes, esos que pasean, hablan, andan con agendas pero no cogen una mocha ni a jodia. En el batey del central con un público animado por el alcohol y las promesas el dirigente con voz jubilosa anunciaba que pronto se construiría una Pizzería en el batey, en ese momento grita una vieja desde el público afirmando: “¡qué bueno, así no tienen que ir a hacerlo a los cañaverales!”. Es que eran tiempos de sacrificio pero también de gozadera;que el cañaveral en Cuba siempre ha sido escenario del criollo himeneo.

Elba Pérez, Reina del Carnaval de La Habana en el 1970

Un día me sorprendió que nadie había salido para los cañaverales, había mucho contento en los macheteros, entonces Larramendi el jefe de servicios vino a darme la noticia de que regresaban todos ese mismo día para Manzanillo; “usted viene con nosotros médico”, así me dijo,” “¡no me digas!, ¿qué voy a hacer a Manzanillo si mi brigada esta en Holguín?”,pues nosotros si nos vamos”..., agregó. Dicho y hecho en pocas horas estaba solo con mi maleta y mi mochila en aquel campamento, cayendo la tarde y sin saber qué hacer. En  la enfermería quedaban todos los medicamentos que tenía bien ordenado, quien sabe que  harían con ellos.
Caminé hasta un pobre bohío cercano y les pedí al campesino que me cuidara mi equipaje; cuando salí a la carretera tome un Ómnibus que me llevo a Holguín donde estaba mis “jefes” que no eran otros que los mimos dirigentes de la FEU-UJC del curso. Al día siguiente regrese con ellos a buscar mis pertenencias y me dejaron en el Policlínico de Cacocún; diez días después me entregaron un pasaje para regresar a La Habana. Había terminado para mí la Zafra del 70; significo 9 semanas que no me enriquecieron en nada.

De la Zafra vi las desigualdades, el sacrificio, el desorden y la inopia colectiva. Vi pobres macheteros separados de sus familias, sufrientes, enfermos, mal alimentados y maldiciendo la hora en que se habían metido en aquello, o los habían metido. Vi también gentes creída de una revolución  que comenzaba  a dar cuenta de sus propios hijos, y aun así, ya empezaban a cantar aquella canción que decía que…, puede que algún machete/Se enrede en la maleza, /Puede que algunas noches/Las estrellas no quieran salir. /Puede que con los brazos/Haya que abrir la selva Pero a pesar de los pesares, /como sea Cuba va, ¡Cuba va! Sí tal vez Cuba VA…, pero los 10 millones no fueron.

Dicen los entendidos que alguien dijo que no iban, no fue el estratega en Jefe que dijo siempre lo contrario, para después decirnos que bueno…, convertiríamos el revés en victoria. Que pasó lo que pasó  porque había cañas pero no había centrales, dicen los expertos.  Que el concepto de Revolución que existía hasta ese momento, de haber logrado la victoria en todo, chocó con la realidad……., porque de repente los cubanos de aquella época nos encontramos con un machete en la mano en el proceso de la zafra. Se cerraron centros de diversión, de recreación, en cierta medida se dividió la familia cubana, porque si alguien estaba cortando caña un año no podía atender a su esposa. En algunas oportunidades ese proceso llevó a hechos heroicos, pero también a mucho oportunismo. Sufrimos demasiado tratando de conseguir una meta, pero nos la creímos. Todo esto dicen planificadores de ayer que sujetaron a todo un pueblo y los lazaron a un descalabro económico y social.

No regresé a mi pueblo de inmediato, caminé por una Habana marchitada y gris como nunca la había visto. La capital con la Zafra había recibido una estocada de la que nunca se recuperaría. Pero se movilizaba el circo para aligerar el desánimo de tantos. Los carnavales como se venía anunciando serían como la zafra, los mejores y más jubilosos, que es como decir: si no tenemos los 10 millones, tenemos unos carnavales que le van a roncar…,

Camine toda la Rampa desde J hasta Malecón donde ya los carnavales comenzaban aquella tarde, fueron según supe unos carnavales de navajazos. La música de  una conga pegajosa que sonaba por toda La Habana: “El perico esta llorando”, de la autoría e interpretación de Tata Guiñes era el sonido distintivo; se asegura que esta fue proscrita porque hacía referencia al anuncio del dictador cuando no se logró la meta de los 10 millones…, entonces la conga le contestaba: “Tápale la boca a ese perico, que está llorando con la maraña que ha hecho y está gritando”.

Hubo, carnavales, Reina de belleza, congas, navajazos y enajenación para la isla en peso. Atrás quedaba el fracaso…, regrese a mi pueblo, aquello era mucho con demasiado.


01.03.2017©

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Los médicos cubanos, el juramento hipocrático y la promesa del médico. Textos de necesaria lectura.

En los años vividos en Revolución, hemos visto en más de una ocasión, actos conducidos por médicos cubanos que atentan contra la dignidad humana. Han sido y son casos aislados. La irrupción de la Revolución, los organismos represivos asociados con esta y el menoscabo de la autoridad de los médicos ha traído no pocos casos de conductas inhumanas que socaban el buen ejercicio de la práctica médica. Ha habido y hay un quebrantamiento de la ética profesional condicionada por una ideológica que satura toda la vida nacional y también el ejercicio de la profesión. Las conductas represivas, la ideológica totalitaria y el control total del estado en el quehacer del médico, hacen de este  un sujeto del desempeño de una dictadura que entorpece los rasgos más distintivos de una profesión que por encima de todo debe ser honorable.

En este y otros post incluiré textos que definen la conducta de los médicos cubanos y que por si se explican.

Nueva Versión del Juramento Hipocrático*

La ii Asamblea General de la Asociación Médica Mundial, que se reunió en la ciudad de Ginebra del 8 al 11 de septiembre del corriente año (1948), considerando que los actos inhumanos perpetrados por algunos médicos durante estos últimos años implican un desconocimiento o un lamentable quebrantamiento de la ética profesional y que urge restablecer a éstas en toda su dignidad, aconsejó que los médicos presten, al recibir sus diplomas, un juramento hipocrático modernizado. Esta medida tiende a fijar en la mente de los médicos noveles los principios fundamentales que deben regir su conducta.
La versión moderna del juramento hipocrático adoptada, deberá ser denominada, de acuerdo a una decisión de la misma asamblea, Juramento de Hipócrates, fórmula de Ginebra.

Los textos oficiales fueron redactados en francés e inglés. Damos aquí una versión castellana de los mismos.


Manuscrito bizantino del siglo XI en el que
 está escrito el Juramento hipocrático en forma de cruz.
 Biblioteca Vaticana.

Juramento de Hipócrates
Fórmula de Ginebra

"En el momento de ser admitido entre los miembros de la profesión médica, me comprometo solemnemente a consagrar mi vida al servicio de la humanidad. Conservaré a mis maestros el respeto y el reconocimiento a que son acreedores. Desempeñaré mi arte con conciencia y dignidad. La salud y la vida de mi enfermo será la primera de mis preocupaciones. Respetaré el secreto de quien haya confiado en mí. Mantendré en toda la medida de mis medios, el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica. Mis colegas serán mis hermanos. No permitiré que entre mi deber y mi enfermo vengan a interponerse consideraciones de religión, de nacionalidad, de raza, de partido o de clase. Tendré absoluto respeto por la vida humana, desde su concepción. Aún bajo amenazas no admitiré utilizar mis conocimientos médicos contra las leyes de la humanidad. Hago estas promesas solemnemente, libremente, por mi honor"  

LA PROMESA DEL MÉDICO **

Una de las resoluciones tomadas en la asamblea de la Asociación Médica Mundial, celebrada en Ginebra (Suiza), en septiembre de 1948, fue adoptar una declaración formal, con objeto de que fuera ratificada por el facultativo, en el momento de obtener el título profesional. Lamentablemente, en muchas Facultades de Medicina ha caído en desuso, o se ha convertido en mera fórmula, la antigua costumbre de pedir el Juramento de Hipócrates a los recién graduados; en consecuencia, y, por constituir ésta un factor de ética profesional, la Asociación Médica Mundial manifiesta que la restauración del Juramento de Hipócrates, o bien su substitución por otra promesa más apropiada a los tiempos actuales, contribuiría a inculcar en el médico novel, los principios fundamentales de la ética profesional. Al respecto, la declaración propuesta por la Asociación Médica Mundial -que copiamos a continuación -ha sido aceptada por "L Ordre des Médicins de France", la "Canadian Medical Asociation", y diversas Escuelas de Medicina y organizaciones médicas de todo el mundo. La declaración es conocida actualmente como "La Declaración de Ginebra", "El Juramento del médico", y "La Consagración del Médico a su Profesión"; empero, hasta la fecha no se ha decidido todavía la denominación oficial que deberá ostentar. He aquí el texto de la declaración:  

·         Prometo solemnemente consagrar mi vida al servicio de la humanidad;

·         Otorgar a mis maestros el respeto y la gratitud que merecen;

·         Ejercer mi profesión dignamente y a conciencia;

·         Velar solícitamente, y ante todo, por la salud de mi paciente;

·         Guardar y respetar el secreto profesional;

·         Mantener incólume, por todos los medios a mi alcance, el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica;

·         Considerar como hermanos a mis colegas;

·         Hacer caso omiso de credos políticos y religiosos, nacionalidades, razas, rangos sociales y económicos, evitando que se interpongan entre mis servicios profesionales y mi paciente;

·         Mantener sumo respeto por la vida humana, desde el momento mismo de la concepción; y no utilizar -ni incluso por amenaza- mis conocimientos médicos para contravenir las leyes de la humanidad.

·         Solemne y espontáneamente, bajo mi palabra de honor, prometo cumplir lo antedicho.

*Copia sin referencia bibliográfica en Archivo de la Oficina del Historiador del Ministerio de Salud Pública.

** Conferencia sin referencia bibliográfica en Archivos de la Oficina del Historiador del Ministerio de Salud Pública.


Nueva Versión del Juramento Hipocrático. ii Asamblea General de la Asociación Médica Mundial. Ginebra del 8 al 11 de septiembre del1948, copia sin referencia bibliográfica en Archivo de la Oficina del Historiador del Ministerio de Salud Pública. La Habana, Cuba. Consultado: 3/5/2015. Disponible en: http://bvs.sld.cu/revistas/his/cua_87/cua1287.htm

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